Todos sabemos por experiencia que, un acontecimiento nuevo asociado a un episodio emocional se memoriza y recuerda con mayor facilidad. Las emociones activan y mantienen la curiosidad y la atención y con ello nos motivan y despiertan el interés por descubrir. Son una parte fundamental del proceso cognitivo y por lo tanto, la base sobre la que se sustenta el proceso de aprendizaje.

Sabemos que, debido al diseño y funcionamiento del cerebro, los procesos mentales son el binomio emoción-cognición, lo que nos muestra la importancia de la emoción para el que aprende. La educación siempre se ha caracterizado por enseñar conceptos complejos sin significado emocional, algo que posiblemente sea un gran error.

Las emociones son reacciones psicofisiológicas ante estímulos; más intensas, pero menos duraderas que los sentimientos. Los sentimientos son el resultado de las emociones, evaluaciones conscientes de las mismas. Sólo el ser humano experimenta sentimientos. El conocimiento de los propios sentimientos y los de los demás son una poderosa herramienta no sólo para el que aprende, sino también para el que enseña. Hoy se habla mucho del estrés y la frustración infantil. Observamos que muchos niños en algún momento de su periodo escolar muestran alteraciones en la conducta y problemas graves a la hora de aprender. En la mayor parte de los casos la causa suele ser la falta de resilencia y el estrés.

En la actualidad, la educación se ve afectada por dos males: Inmediatez y densidad de contenido (“menos para más”). Nosotros creemos que: “menos es mejor que mucho y rápido”. La ansiedad por cumplir objetivos, el correr para intentar dar la mayor cantidad de materia posible, nuestra obsesión por igualar a nuestros alumnos considerando que todos tienen que alcanzar lo mismo al mismo tiempo o peor todavía, exigiéndoles más comparándolos con otros; enseñándoles con ello a competir en lugar de a colaborar. Todo ello sólo nos conduce al fracaso escolar, el estrés y la frustración de nuestros niños y niñas.

Actualmente sabemos que el ejercicio físico aeróbico practicado con regularidad reduce el estrés, influye positivamente en nuestro bienestar emocional y cambia la configuración del cerebro en aquellas áreas que tienen que ver con el aprendizaje y la memoria. Impedir que los niños se muevan por el espacio y pretender que mantengan la atención sentados en una silla mientras reciben información que no tiene ninguna conexión con sus emociones y, por lo tanto, carece de significado para ellos, no favorece en ninguna medida el aprendizaje.

Las emociones son una parte fundamental del aprendizaje. El conocimiento, comprensión y gestión de las emociones, no sólo nos permiten adaptarnos, comunicarnos y desenvolvernos socialmente, también son la llave que abre la puerta al aprendizaje.

En definitiva, todo lo que nos lleva a la adquisición de conocimiento como: la curiosidad, la atención o la memoria, requiere de emoción. Impregnar la escuela con ella y/o detectar la falta de la misma, se convierte hoy en día en una tarea fundamental para la labor educativa.

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