Un estudio realizado en 120 centros públicos repartidos por toda España y con más de 30.000 alumnos, señala que los niños formados en más de un idioma son mejores estudiantes e incluso mejoran los resultados en su lengua materna.

Aprender más de una lengua exige adaptarse a distintos sistemas de representación del mundo, lo que provoca una mayor versatilidad fomentando la capacidad de concentración.

Nunca es tarde para aprender un idioma, pero numerosos estudios coinciden en señalar que los primeros años de vida son el mejor período para introducir otras lenguas, ya que el cerebro está en su punto óptimo de retención por lo que iniciar un aprendizaje temprano de una lengua extranjera facilita su rápida absorción.

Aprender más de un idioma estimula el cerebro, mejora la capacidad de resolver problemas, desarrolla la percepción auditiva y potencia las habilidades verbales, creando mentes más flexibles y analíticas.

Ahora bien,

¿Qué idiomas enseñar a nuestros hijos y por qué?

Lógicamente y por razones obvias, el inglés sería la segunda lengua por excelencia. Pero ¿Qué otra lengua introducir en las edades más tempranas?

Varios estudios demuestran que idiomas “tonales” como el chino, estimulan el hemisferio derecho (responsable de la capacidad de síntesis, habilidades visuales y sonoras, las sensaciones y emociones). Frente a idiomas con raíz latina que estimulan el hemisferio izquierdo (responsable de la capacidad analítica.)

El desarrollo del hemisferio derecho del cerebro tiene ventajas significativas con respecto al desarrollo abstracto e incluso la capacidad de empatía.

Por otro lado, el chino abarca un rango de frecuencias diferente al español por lo que, o el oído se habitúa a él cuando está en formación, o en la edad adulta será muy complejo captar frecuencias tan distintas a nuestro idioma materno. Lo que explica la enorme dificultad para aprender chino con cierta edad.

Por todo ello queremos potenciar el multilingüismo y, no sólo por las ventajas sociales que ello conlleva al facilitar al niño relacionarse con los demás y conocer otras culturas, sino como vía de estimulación cognitiva. No se trata de ir sumando lenguas de forma aislada, sino de desarrollar las diferentes lenguas de forma contextualizada, natural y coordinada.

Atrás quedaron las teorías que nos decían que la formación bilingüe y multilingüe perjudicaba el aprendizaje de la lengua materna y generaba confusión en los niños. Más bien al contrario. Incluso podríamos considerar el multilingüismo como una inversión de futuro, puesto que algunos estudios revelan que las personas plurilingües tardan más tiempo en desarrollar enfermedades neurodegenerativas.

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